Feliz Navidad.....antes de que lo diga Pepe.

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Feliz Navidad.....antes de que lo diga Pepe.

Mensaje  EDUARDO el Miér Dic 07, 2011 12:39 am

Pepe, como te empeñas en castigarnos con tu inefable "lírica" todos los años, llegada la navidad, insertando aquí mismo uno de tus poemas, este año he decidido adelanterme y postear el mío propio. Bueno, mío no es. El autor es Joseph Brodsky, y paso a explicarte por qué he elegido a este escritor. Resulta que estaba leyendo su biografía y me encuentro con que en el año 1962 inició un curioso ritual: cada año entre diciembre y enero escribía, al menos, un poema dedicado a la Navidad. Una tradición personal. Brodsky es uno de los mayores poetas judios de la historia de la literatura. Fueron pocos los años en los que Brodsky no cumplió con esta ceremonia. La primera interrupción fue en 1964; en ese año Brodsky fue acusado por el gobierno de la URSS de “parasitismo social” y condenado a cinco años de trabajos forzados en un campo penitenciario de Arjanguelks. Ya libre, y después de residir en distintos países, a partir de 1973 los poemas de Navidad fueron escritos casi todos en Venecia, ciudad que el poeta visitaba cada fin de año. En ella veía reflejada a San Petersburgo, la ciudad donde nació. Brodsky murió en Nueva York en 1996, y por expresa voluntad, sus restos fueron trasladados al cementerio veneciano de San Miguel, desde donde se divisa toda la ciudad. El último de sus poemas navideños lo escribió en diciembre 1995. Tardó 33 años en terminar el libro. Y aquí está el primero de esta serie de poemas.

Flota en una pena inexplicable,

entre inmensidades de ladrillo,

una barquita noctura, siempre encendida,

por el jardín de Alejandro;

farolito en la noche solitario,

como una rosa amarilla,

sobre las cabezas de sus enamorados,

bajo los pies de quienes pasan.



Flota en una pena inexplicable

el zumbido de un coro de sonámbulos y borrachos.

En la capital, un extranjero

tomó triste una foto por la noche,

y salió a la Ordynka

un taxi con pasajeros enfermos,

y los muertos están de pie,

abrazando los palacios.



Flota en una pena inexplicable

un trite cantante por la capital,

y junto a un puesto de petróleo,

un portero triste de cara redonda;

por la calle grisácea corre

un amante viejo y guapo.

Un tren de medianoche, recién casado,

flota en una pena inexplicable.



Flota en las brumas del Zamoskvorechie

un nadador casual hacia la infelicidad;

el acento judío recorre

la escalera triste y amarilla,

y entre amor y tristeza

en Nochevieja, víspera de domingo,

flota sin mostrar su pena

la bella del barrio.



Flota en los ojos la noche fría;

tiemblan copos de nieve en el vagón;

viento helado, viento pálido

ceñirá rojas palmas de las manos,

y se vierte miel de luces de ocaso

y huele a mazapán dulce,

y la Nochebuena trae un pastel nocturno

sobre su cabeza.



Sobre una ola azul oscuro,

en el mar de la ciudad,

flota tu año Nuevo en una pena inexplicable;

como si la vida empezara de nuevo,

como si hubiera luz y gloria,

un día feliz con pan de sobra,

como si la vida fuera a la derecha,

después de haber oscilado hacia la izquierda.


Triste, pero realmente hermoso.

EDUARDO

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